Historia de la Anestesiología
Cuando el Dolor acompañaba al Hombre
Dr. Ephraim McDowell
(Ovariectomías sin anestesia)
 

Antes del descubrimiento de la narcosis, antes del 16 de octubre de 1846, los actos quirúrgicos se acompañaban inseparable e irremediablemente por el dolor. Dolor en ocasiones tan intenso, que por sí mismo podía aniquilar al enfermo. Sin embargo hubo personas que prefirieron enfrentarse al dolor, antes que seguir consumiéndose por la patología que les aquejaba, éstos fueron los menos, ya que la mayoría de los pacientes terminaba sus días con la enfermedad que padecían. Jane Crawford constituye un ejemplo de gran fortaleza al practicársele una ooforectomía sin anestesia alguna.

Doctor Efraín McDowell

Ephraim McDowell era médico a caballo de Danville, Kentucky, U.S., quien 40 años antes del descubrimiento de la antisepsia, en los bosques de Kentucky , y, en contra de lo que se creía en aquellos días en el mundo, abrió con éxito el cuerpo de una persona, lo que constituye un relato que pasó a la Historia de la Medicina.

Tom Crawford, habitante de Motleys Glen., del distrito de Green, a 60 millas de Danville, había mandado llamar a McDowell para revisar a su esposa Jane Crawford. McDowell al explorar a la enferma vio el vientre muy distendido y anómalamente desplazado a un lado. La piel se encontraba muy tirante y con manchas azules y verdes. McDowell hizo el diagnóstico clínico de quiste gigante de ovario. En esos tiempos la cirugía se reducía a la amputación, quelotomía, litotomía, ablación de cataratas y algunas operaciones de urgencia, desesperadas y torturadoras para las víctimas, pero en las que nunca se efectuaban auténticas intervenciones internas del cuerpo humano.

En el libro del profesor Hamilton, "Female Complaints", en Edimburgo, se dictaba la tesis según la cual la abertura del peritoneo y el contacto de los intestinos con el aire frío ocasionaban inmediatamente una inflamación que conduce a un desenlace mortal y que por este motivo había que dejar a los tumores de ovario que siguieran su curso natural. Era la creencia por el ambiente médico, que la apertura de la cavidad abdominal llevaba irremediablemente a la supuración, contando también el choque producido por el dolor. "Jamás se conseguirá eliminar con el cuchillo los tumores internos, lo mismo si se encuentran en la matriz como si se encuentran en el estómago, hígado, bazo o los intestinos. Dios ha trazado aquí la frontera de la cirugía. El cirujano que la atraviesa, procede como un asesino..."

Unicamente la Real Academia de Cirugía de París había publicado en aquellos años un informe en el que se aludía repetidamente a hombres como Félix Platter, de Basilea, y al cirujano Diemerbrock, muerto en 1674, que habían sostenido en aquella época la posibilidad teórica de extirpar los tumores ováricos.

El 24 de diciembre de 1809, McDowell decidió, por fin, realizar la cirugía a Jane Crawford. Arregló la gran mesa de roble de la sala de estar, cubriéndola con un lienzo blanco y atando a las patas unas cuerdas con las que debía sujetar a la Sra. Crawford. Hizo preparar agua caliente y fría, vendas e hilas. Se desvistió a Jane Crawford y se le recostó en la mesa de roble. Le introdujo unas píldoras de opio en la boca. En aquella época era éste el único medio que, algunas veces, aliviaba un poco el dolor.
Casa clínica

Al hacer McDowell el primer corte abriendo la piel, la voz de Jane Crawford vaciló un instante. Se encogió su cuerpo y sus manos se aferraron al borde de la mesa. McDowell separaba las capas musculares. Hizo un corte en el peritoneo. Como presionados por un puño salieron hacia fuera los intestinos, cayendo sobre la mesa. McDowell y su sobrino James trataron, asustados, de volverlos a meter en el vientre a través de la herida abierta, pero no lo consiguieron. El gigantesco tumor que ocupaba la mayor parte de la cavidad abdominal cerraba el camino de retroceso. Jane hacía lo que a las personas de nuestros días ha de parecer inconcebible : no gritaba. McDowell restañó la sangre. El tumor estaba visible detrás de los intestinos que habían sido expulsados al exterior. McDowell intentó abarcarlo con ambas manos para extraerlo. Pero para pasar por la herida abierta en el vientre era demasiado grande. Estaba asentado sobre la trompa de Falopio . Entonces McDowell ligó con un hilo de seda la trompa muy cerca de la matriz. Después, tras una breve y precipitada meditación, abrió el tumor mediante dos cortes. Estaba lleno de una masa espesa y gelatinosa. James cogió una cuchara para extraer dicho material. Cuando más tarde pesó la masa extraída, ésta resultó tener un peso de catorce libras (6.35 kg). Cuando McDowell extrajo de la herida abdominal el saco vació del tumor, separándolo de un corte del útero, lo dejó caer sobre la mesa. Más tarde también se pesó este saco : 7 libras (3.17 kg). Los labios de Jane Crawford habían perdido totalmente el color. McDowell introdujo los intestinos en la cavidad abdominal desgarrada. Con ayuda de James volvió el cuerpo abierto hacia un lado y dejó que se escurriera al suelo la sangre que se había vertido en el interior de dicha cavidad. Mientras lo hizo el aliento de Jane cesó por primera vez. James aplicó el oído contra el pecho de Jane Crawford. Sus manos buscaron el pulso de la mujer ; pero entretanto volvió a abrirse la boca de ésta. McDowell juntó los labios de la herida del abdomen. James los sostuvo mientras él manejaba la aguja. En aquel mismo instante se interrumpió de nuevo el aliento de Jane Crawford, se inclinó James, que desesperado, le auscultó el pecho. Era sólo un desmayo. Jane Crawford respiraba casi imperceptiblemente ; pero respiraba. Aplicaron un parche de esparadrapo encima del vendaje, y deshicieron los nudos de las cuerdas, que en parte ya se habían soltado. La operación había durado 25 minutos.

Cirugía de Efraín McDowell

Primera operación abdominal efectuada con éxito (Kentucky, diciembre de 1809). A la derecha de la mesa, el Dr. Efraín McDowell; a la izquierda, de medio perfil, James McDowell; al fondo, en el centro, el comisario. (Grabado contemporáneo)

Es curioso el hacer notar que McDowell estuvo a punto de ser linchado y llevado a la horca por la gente de su mismo pueblo por la realización de esta cirugía.

Ephraim McDowell tuvo un éxito rotundo en la ovariotomía (¡ sin ningún anestésico !) que había realizado. Nunca olvidaría los cinco días siguientes a la operación. Estos días habían de decidir si la abertura del vientre de una persona viva sería una operación coronada por el éxito o si con ello no se había hecho más que abrir la puerta a la fiebre purulenta y a la muerte cierta.

McDowell esperaba. McDowell observaba a Jane Crawford con ojos agotados a causa de las noches pasadas en vela. Estaba a la espera de los primeros síntomas de la fiebre, del enrojecimiento de la herida, del olor de la corrupción. Esperó durante dos días, durante tres, durante cuatro y durante cinco ; pero no descubrió ninguna señal desalentadora ni amenazadora. McDowell se resistía a creer en lo extraordinario. Alimentaba la desconfianza y el esceptisismo, a fin de estar preparado en el caso de que llegara todavía la horrible decepción que lo destruiría todo. Pero al llegar el quinto día sorprendió a Jane Crawford fuera de la cama,

ocupada en arreglar las mantas por su propia mano. La convenció de que se acostara y descansara todavía 20 días más hasta que las ligaduras se pudiesen sacar de la cavidad abdominal mediante un leve tirón en sus extremos y se probara así que el muñón que había quedado al extraer el tumor se había cerrado. La herida del vientre cicatrizó y no hubo manera de retener por más tiempo a Jane Crawford ni en la cama ni en casa de McDowell.

Jane Crawford murió en marzo de 1842, treinta y tres años después de la operación, murió en Grayville en casa de uno de sus hijos, a la edad de 78 años.

Hasta 1816, McDowell envió el informe exitoso de sus casos a su maestro John Bell, de Edimburgo, y también al doctor Physick, el padre de la cirugía norteamericana. No obtuvo ninguna respuesta de Edimburgo, pues el doctor Bell agonizaba, y su sustituto John Lizar pasó por alto el manuscrito, para publicarlo 6 años más tarde como parte de un trabajo propio. Ni de Physick tuvo respuesta. Sólo Thomas C. James publicó la memoria de Ephraim McDowell en The Eclectic Reportery ; pero en el curso de dos años no hubo más que dos réplicas de profesores de cirugía. Estos decían, que los relatos de McDowell debían publicarse, a lo sumo, para eliminar de una vez y por todas la idea de que podían servir para algo.

¿Por qué McDowell tenía muy pocos casos de fiebre purulenta en sus operaciones , mientras que en los diferentes y más famosos hospitales del mundo la gente moría por infecciones postoperatorias con una frecuencia de más del cincuenta porciento ?. Nadie fue capaz de preguntarse por qué a McDowell le acompañaba el éxito. Nadie sospechaba que la virginidad de los bosques, la capacidad de resistencia de sus pacientes y, sobre todo, la pulcra limpieza -extraordinario para su época - que Sarah practicaba en su hogar, eran los auxiliares básicos de McDowell. McDowell practicó en total 13 ovariotomías, de las cuales 12 dieron un feliz resultado.

Cansado de la lucha con sus adversarios contradictores y enemigos envidiosos, McDowell se retiró a una plantación. Años después murió de una enfermedad que sólo la cirugía abdominal podría haber curado y que más de medio siglo después habría de ser vencida definitivamente, y ¡hasta la aparición de la anestesia!. En junio de 1830 paseaba McDowell por su jardín, cuando le atacaron dolores de vientre muy intensos. Pronto tuvo fiebre y vómitos. Ephraim McDowell sufría de una inflamación del apéndice. Ningún médico de aquella época conocía la naturaleza de la afección. Tratado erróneamente por ignorancia, McDowell compartió la suerte, mortal en la mayor parte de los casos, de centenares de miles de sus contemporáneos de toda la Tierra : perforación de apéndice. Murió en 1830 a los 59 años de edad.

 
Referencias:
1. "El Siglo de los Cirujanos" del Dr. Jürgen Thorwald, Editorial Barcelona.
2. The Virtual Hospital
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